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martes, 20 de enero de 2009

Cambios en la factura del gas

Por Marta Fdez. Olmos
[Publicado en ADN.es el 1 de julio de 2008]
A partir de hoy, el mercado regulado del gas deja de existir | Los consumidores podrán escoger entre la tarifa de último recurso fijada por Industria o una de las del mercado libre | Las organizaciones de consumidores se quejan de la escasa información facilitada a los ciudadanos

El mercado regulado de gas ha dejado este martes de existir. A partir de ahora, desaparecerán las tarifas reguladas por el Ministerio de Industria y tan sólo quedará la tarifa de último recurso (TUR), que sí será fijada por el Ejecutivo. ADN.es te explica cuáles son las consecuencias reales para los ciudadanos y cómo afecta este cambio en el sector.

¿A quién afecta?

Casi la totalidad de los clientes que se incorporan hoy al libre mercado de gas son consumidores domésticos y pequeñas empresas.

¿Qué implica la desaparición del mercado regulado del gas?

A partir de el 1 de julio, los consumidores que disfrutaban de la tarifa regulada pasarán automáticamente a someterse a la tarifa de último recurso (ver tarifas) y tendrán la posibilidad de elegir entre ésta y las tarifas libres ofertadas por las distintas compañías. Algunas de las empresas, como Endesa, ya están realizando sus propias campañas de márketing yendo de puerta en puerta y ofreciendo descuentos a los consumidores que decidan pasarse al mercado libre.

¿Qué es la tarifa de último recurso?

Es la única tarifa que a partir de ahora podrá fijar el Ministerio de Industria. No variará con respecto a la tarifa regulada en vigor desde el pasado mes de abril, y será revisada por primera vez el próximo mes de octubre. Todos los consumidores domésticos tienen derecho a acogerse a ella y será única para todo el territorio español.

El Ministerio y la Comisión Nacional de Energía están trabajando en la actualidad para fijar los mecanismos de cálculo de la TUR, para conseguir que no ocasione distorsiones de competencia en el mercado español.

¿Es obligatorio pasarse al mercado libre?

En este momento ningún usuario está obligado a contratar nuevas tarifas en régimen de mercado libre. Los consumidores no deben sufrir, a pesar de la modificación del régimen, cambios en las condiciones del suministro, que no se ha de ver interrumpido en ningún momento.

Sin embargo, la nueva tarifa de último recurso irá reduciendo su ámbito de influencia, por lo que cada vez menos consumidores podrán acogerse a ella y tendrán que optar por pasar al mercado libre de gas.

¿Cómo serán las tarifas liberalizadas?

Por ley deberán ser inferiores a la tarifa de último recurso -que fijará el techo establecido por el Gobierno- para que el consumidor pueda disfrutar de la libre competencia.

¿Cambiará mi compañía?

El usuario no tiene por qué cambiar de compañía. La diferencia estriba en que, según la normativa del sector, las empresas distribuidoras de gas se centrarán exclusivamente en las redes de distribución, y transferirán a sus clientes a las compañías comercializadoras de su mismo grupo empresarial, que serán ahora las encargadas de suministrar y facturar a los usuarios.

En caso de que el usuario decida acogerse a la tarifa de último recurso, y su compañía distribuidora carezca de empresa comercializadora, será la distribuidora con mayor cuota de mercado en su comunidad autónoma la que pase a darle este servicio.

¿Y si quiero cambiar de condiciones?

Los consumidores que no quieran adherirse a la tarifa de último recurso, deberán darse de alta en alguno de los planes de tarifas liberalizadas, ya sea en su propia compañía o en otra diferente.

¿Cuánto tiempo tendré que estar con la nueva tarifa si decido cambiar?

Si un consumidor con opción a escoger la tarifa de último recurso decide cambiar de suministrador, "ni el suministrador original, ni ninguna otra empresa comercializadora del mismo grupo empresarial" podrán ofrecerle ofertas hasta que transcurra un año, y el consumidor tampoco podrá contratar ninguna oferta del grupo empresarial con el que ha decidido romper su relación de suministro.

¿Qué recomiendan las organizaciones de consumidores?

Tanto la Unión de Consumidores de España -UCE- como Facua-Consumidores en acción, piden a los usuarios que reflexionen antes de acogerse a las tarifas del mercado libre y recuerdan que no están obligados a contratarlas. Además, se quejan de la poca información facilitada por el Ejecutivo a los consumidores con respecto al tema.

¿Cuántas empresas comercializan actualmente gas en España?

Según la Asociación Española del Gas (Sedigas), existen 17 compañías activas -su número se ha duplicado en los últimos cinco años-.

¿Cuál es la diferencia entre empresas distribuidoras y comercializadoras de gas?

Las primeras son las personas jurídicas titulares de las instalaciones de distribución, es decir, se ocupan de distribuir el gas y mantener las infraestructuras. Las comercializadoras, por su parte, son las sociedades encargadas de vender el gas a los consumidores. En la mayoría de las ocasiones y especialmente en lo referente a las grandes compañías del sector, éstas tienen divisiones diferenciadas para realizar ambas funciones.

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lunes, 21 de enero de 2008

Cerco a las bombillas tradicionales

[Publicado en Elpais.com el 21 de febrero de 2007]

Diversos países promueven medidas a favor del ahorro energético que podrían desembocar en la desaparición de las bombillas convencionales en los próximos años.

El pasado martes, el Gobierno australiano anunció su intención de reducir progresivamente el uso de bombillas tradicionales y su sustitución por fluorescentes de bajo consumo. La legislación del país, por tanto, puede llegar a restringir en los próximos tres años la venta de estas viejas lámparas, con el objetivo de hacer frente a los millones de toneladas de gases de efecto invernadero que produce la isla, según anunció el ministro de Medio Ambiente del país, Malcolm Turnbull.

El plan australiano pasa por prohibir progresivamente la venta de las bombillas que no cumplan con los objetivos de eficiencia energética marcados, hasta 2009 o 2010, la fecha fijada para que éstas dejen de existir en Australia. Las tiendas dejarían de venderlas y los fabricantes de elaborarlas.

Cuba ecológica

Sin embargo, Australia no es el primer país que toma medidas similares. Ya en 2005, Fidel Castro reemplazó gran parte de las bombillas tradicionales por otras más eficientes en lo que se dio a conocer en Cuba como "Operación Ahorro de Energía". Y hace tan solo unos meses, Hugo Chávez también anunciaba medidas para "encaminar el país hacia la eficiencia energética". Entre los proyectos incluidos en la "Misión Revolución Energética en Venezuela" se encuentra la sustitución de bombillas incandescentes por lo que allí conocen como "bombillos ahorradores", es decir, lámparas de bajo consumo. Según datos del Ejecutivo de Chavez, a finales de enero se habían sustituido más de 10 millones de bombillas en más de un millón de viviendas de todo el país, aunque la meta es reemplazar 52 millones.

En Norteamérica no se quedan atrás: a principios de este mes, el Parlamento de California también se apuntaba a la moda verde. Desde sus filas se está trantando de impulsar una nueva normativa que prohibiría el uso de las actuales bombillas en cinco años. Es decir, que si la cámara aprueba la nueva Ley, los californianos tendrán que utilizar sólo bombillas eficientes a partir de 2012. Lloyd Levine, diputado demócrata, informó que la medida provocará un “ahorro de dinero en los usuarios y el estado, además del ahorro de energía". Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía, Levine está en lo cierto: "el extracoste de este tipo de lámpara respecto a la incandescente que sustituye, lo recuperará el ciudadano -por ahorro en la factura eléctrica- en menos de un año".

Es, por tanto, un hecho, que los Gobiernos de numerosos países de todo el Globo están tomando conciencia de la necesidad de llevar a la práctica medidas de eficiencia energética que logren un considerable ahorro de energía y una reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Algo que se puede lograr con un gesto tan sencillo como deshacerse de las viejas bombillas y sustituirlas por otras de bajo consumo.

Bombillas más ecológicas

La bombilla tradicional, inventada hace más de 100 años por Thomas A. Edison, consiste en un sencillo mecanismo que provoca que la electricidad pase a través de un filamento de metal incandescente para crear la luz. Sin embargo, la mayor parte de la energía generada por la bombilla, un 85%, se desperdicia en forma de calor. A pesar de su precio, algo más elevado que el de las lámparas tradicionales, una bombilla de bajo consumo ahorra hasta un 80% de energía y tiene su duración es hasta 12 veces mayor que la de una incandescente.

En España aún no se ha tomado una medida tan drástica como en nuestras antípodas, aunque el Ministerio de Industria, a través del IDAE -Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía-, así como algunas administraciones locales, ya se están poniendo en marcha. El IDAE y las comunidades autónomas han distribuido, desde el pasado mayo y dentro del Plan de Acción 2005-2007 de Ahorro energético, más de 200.000 lámparas de bajo consumo de manera gratuita. Tan solo en nuestro país, la iluminación de los hogares representa el 4% del consumo nacional de energía eléctrica y el 20% del consumo eléctrico del hogar.

La utilización de estas 200.000 nuevas bombillas energéticamente eficientes supondrá, según los datos del Ministerio de Industria, un ahorro directo de 192 GWh de energía, el consumo equivalente a una población de 4.000 habitantes. Además, si la tendencia al reemplazo de las bombillas tradicionales se mantiene, el cambio a este tipo de sistemas de iluminación evitaría, solamente en Europa y según datos de la Agencia Internacional de la Energía, la emisión de 28 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2). La sustitución de las bombillas tradicionales por otras más energéticamente eficientes se convierte, por tanto, en un granito de arena en manos de los ciudadanos en la lucha contra la contaminación y el cambio climático.

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Los países industrializados, esclavos de la energía

[Publicado en Elpais.com el 13 de marzo de 2006]

España importa las tres cuartas partes de la energía que utiliza, una cantidad que supera en un 25% a la media de los países de la Unión Europea. Lo más preocupante es que las previsiones apuntan a que estas cifras continuarán aumentando.

La energía se ha configurado como un elemento esencial para el desarrollo económico y social de cualquier país. En la actualidad, más del 75% de la energía que se consume en España procede del exterior. Las cifras de conjunto de los países que componen la Unión Europea son algo más bajas, pero no dejan de ser alarmantes: los estados miembros han de importar un 49,5% de energía para continuar con el actual ritmo de consumo. Y las previsiones apuntan a un aumento gradual de la demanda energética, que se dejará notar, especialmente, en los países más industrializados.
A pesar de la elevada dependencia energética de nuestro país, España no es el Estado miembro de la UE que más energía importa: según datos de la Comisión Europea, Malta se sitúa a la cabeza de la lista con un 100%, seguida de Chipre (99%), Luxemburgo (98,7%), Irlanda (87,2%) y Portugal (85,3%). En el extremo contrario, Reino Unido y Dinamarca se han convertido en los dos únicos países de los Veinticinco que exportan energía.

En nuestro país, la mayor parte de energía producida dentro de nuestras fronteras es nuclear o proveniente de fuentes renovables. Sin embargo, las importaciones están encabezadas por la energía producida gracias a los combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón), procedentes en su mayoría del Golfo Pérsico, Argelia, Rusia y el Norte de África.

Según Ignacio Pérez Arriaga, experto en Energía y director del Libro Blanco del Sector Eléctrico, la situación es preocupante. “El modelo energético occidental no es sostenible”, afirma Pérez Arriaga, a causa de diversos factores que pasan por “la falta de seguridad del suministro y el impacto ambiental que nuestro consumo produce”. Todo ello a pesar de que 1/3 de la humanidad aún no tiene acceso a la electricidad. Según el profesor, las posibles soluciones pasan por el apoyo, por parte de los Gobiernos, a las energías renovables y a la investigación, así como el fomento del ahorro y la eficiencia energética: “está probado que podríamos ahorrar un 20% de la energía que consumimos sin que esto modificara nuestra forma de vida”.

Mercado Europeo de la Energía

Pérez Arriaga aboga también por el fomento de un mercado europeo de la Energía, ya que “hay decisiones que los países no pueden tomar por sí solos”. Además, según el experto, el principal problema de la dependencia no es tanto el hecho de que los países importen gran parte de la energía que consumen, sino la escasa fiabilidad de las fuentes que la producen.

Gran parte de la energía eléctrica consumida en nuestro país proviene de los ciclos combinados de gas natural. España produce menos de un 1% del gas natural que consume; el resto proviene de una serie de proveedores concentrados principalmente en el norte de África. La Comisión Nacional de Energía ya ha alertado de esta situación, y aboga por incentivar medidas que estabilicen la seguridad de estos suministros, así como otras dirigidas al fomento de la diversidad de fuentes primarias de energía.

Preocupación de la UE

La Unión Europea no deja de mostrar su preocupación por el futuro del sector. Uno de los principales problemas a los que se enfrenta Bruselas en materia energética es la manera de solucionar la dependencia que los estados miembros sufren en este ámbito. Sin embargo, en la actualidad las competencias energéticas son casi exclusivas de los Gobiernos nacionales. Para evitar que la situación empeore, la Comisión Europea viene promoviendo desde hace tiempo diversas iniciativas entre las que se encuentran el "Libro verde sobre la política energética de la Unión Europea", que fue presentado el pasado miércoles 8 de marzo. En él se tratan los tres pilares básicos de la materia: la competitividad económica, la seguridad de abastecimiento energético y la protección del medioambiente.

Para mejorar la situación, Bruselas propone a los Estados miembros una batería de medidas que persiguen objetivos determinados, entre los que se encuentran la creación de un regulador europeo, el aumento de producción de la energía procedente de fuentes renovables o una revisión de las reservas de gas y petróleo. Todas las acciones están encaminadas a la total apertura de los mercados mediante la creación de una política común que conduciría a la creación efectiva de un mercado europeo de Energía, basado en la solidaridad entre países. Un paso difícil, ya que los Gobiernos comunitarios no se muestran dispuestos a ceder competencias en un área que consideran vital. De ahí que los comisarios responsables estén advirtiendo de las posibles consecuencias adversas que el proteccionismo energético empleado por diversos gobiernos comunitarios pudiera conllevar. Especialmente, tras la ola de fusiones y OPAs en la que el sector se ha visto inmerso durante estos primeros meses del año.

'Blindajes gubernamentales'

Alemania, Francia y España son algunos de los países comunitarios que han tomado medidas para blindar sus propias empresas. Tras las numerosas advertencias y peticiones de información y explicaciones por parte de la Comisión Europea a los Gobiernos implicados, podría llegar ahora el turno de las sanciones contra los Estados Miembros que creen normativas contrarias a las leyes comunitarias de libertad de mercado.

Con este paso, Bruselas pretende abrir un debate global sobre la necesidad de reducir la competencia energética dentro de las fronteras de la UE. El libro verde aprobado por la Comisión el pasado miércoles será debatido de nuevo en el Consejo extraordinario de ministros de Energía hoy martes, y también en la cumbre de líderes de la UE de los días 23 y 24 de este mes, para intentar llegar a un acuerdo a finales de año, cuando está previsto que Bruselas presente un “libro blanco” que marcará las directrices comunes en política energética y que incluirá objetivos y plazos concretos. De esta manera, se pretende implicar a los estados miembros en un problema que se ha ido agravando con el tiempo y que necesita, cada vez más urgentemente, una solución.

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